Lo que no escribiría Raúl Melara, director ejecutivo de la ANEP

Foto: allanvillaparafrasis.blogspot.es

Por Geovani Montalvo
Boletín El Daltoniano
Noticias sobre la resistencia popular y las juventudes

Sobre lo que escribió Raúl Melara, director de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), en la sección de economía del rotativo La Prensa Gráfica el día 28 de julio de 2010. Comparto lo siguiente, auxiliándome de los famosos géneros y figuras literarias, inspirado en la práctica periodística de Los Detonadores de México, ejerciendo la “milagrosa” libertad de expresión y respondiendo a mi convicción. Lo que no escribiría Raúl Melara, probablemente.

“La fusión social de la ANEP”

La Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) surgió en 1966 para facilitar más poder y mayores ingresos económicos en beneficio del desarrollo social, económico y cultural del los pocos empresarios, dueños del país. Porque así como señala Hobbes en su Leviatán: “el poder quiere siempre más poder, porque el poder sólo se puede asegurar buscando más y más poder”.

A lo largo de estos 44 años, más de cuatro décadas, nosotros los empresarios que somos dueños del país, además de estafar a miles de familias con empleos no decentes y explotación para sus trabajadores, hemos liderado una fusión de autoritarismo social y manipulación en los asuntos públicos, para que siempre favorezcan al sector privado, y a los salvadoreños en general los deje como siempre, contentos (alienados), porque nos interesa que todos estén bien (jodidos).

ANEP ha venido insistiendo a los diferentes gobiernos y a los políticos que centren sus esfuerzos en hacer posible que en El Salvador, nosotros salgamos siempre adelante. No en beneficio de unos pocos, sino de todos aquellos (poquísimos) que con esfuerzo trabajamos por monopolizar y privatizar, hasta el aire que respiramos y la tierra que nos sustenta.

Desde los años sesenta, los empresarios visionarios lucharon por la democracia, por el diálogo y la negociación a fin de alcanzar nuestra merecida paz, que no es la paz de todos. En nuestro país, los salvadoreños en general pudieron vernos gozar de libertad.

ANEP ha frenado el ataque contra la empresa privada cuando los gobiernos han querido eliminar el más mínimo de nuestros beneficios gratis en la generación de la actividad económica, que muy bien controlamos, ya no se diga la actividad política e ideológica.

A finales de los noventa, contribuimos a la seguridad estructural-jurídica que nos mantiene con nuestras exorbitantes ganancias. Seguimos señalando y siendo propositivos para buscar soluciones ante los niveles de violencia que nos aqueja a los empresarios, nos quieren fiscalizar e intervienen hasta en nuestras casas.

En los 2000, ante la alternancia política, el sector privado negoció una visión de largo plazo que nos permita, “independientemente de las ideologías y los gobiernos de turno”, seguir alcanzando las metas básicas que los empresarios requerimos para vivir en el país que queremos con desarrollo, consumo, sometimiento, salud privatizada y seguridad personal.

ANEP ha garantizado y promovido la defensa de nuestras libertades y seguirá luchando porque los salvadoreños en general, los pequeños y medianos empresarios nunca gocen de la libertad de emprender que solo nosotros tenemos.

Seguiremos controlando a los políticos para que atiendan las demandas del sector privado: más seguridad en nuestros complejas residencias y riquezas, gobernabilidad, tolerancia a nuestras reglas, reglas claras -ni se les ocurra sublevarse en contra del desarrollo-; para que esta nación pueda enfocarse en crecer y generar desarrollo, de unos pocos, porque eso es lo que importa, solo recordemos la teoría del rebalse, cuando un empresario gana más, sus riquezas rebalsan de tal forma que otros pueden beneficiarse al recoger lo que sobra.

Tal como hemos sostenido en los diferentes ENADE, para los empresarios un El Salvador ideal es aquel en el que gocemos de un sistema que garantice nuestras libertades de empresarios, promueva las privatizaciones, el libre ejercicio de la iniciativa individual -no colectiva- y el respeto irrestricto a la propiedad privada.

“Como empresarios sabemos que tenemos enormes responsabilidades en la construcción de nuestro país”, solo nuestro.

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