Un partido sin voz, ni pensamiento

Carlos Abrego
Cosas tan pasajeras
Boletín El Daltoniano

Tan poca democracia debe existir en los partidos políticos salvadoreños que la licenciada Norma Guevara de Ramirios, en su crónica semanal, se ufana describiendo en detalle el proceso de elecciones internas del FMLN y termina preguntando: “¿qué entidad social hace tal ejercicio de democracia?” Por supuesto que quedan en suspenso muchas explicaciones, por ejemplo, ¿cómo y quién propone las candidaturas? Hay otras que conciernen los criterios políticos que han conducido al partido “revolucionario” a distinguir entre militantes y adherentes. La principal diferencia que he podido detectar realmente, es el pago de la cotización y participar en una organización de base. Pero entonces ¿el resto de miembros no paga, no se reúne, en suma, no milita? Y al parecer se trata de la mayoría. Para un partido que se proclama “revolucionario” esto es una carencia extrema. Uno puede pensar que este distingo, sirve más para diferenciar dos categorías, los militantes seguros y los otros. Los seguros que se muestran obedientes a la dirección, que acatan los dictados de la dirección y que no se van a descarrilar en preguntas capciosas, en exigencias de aclaraciones, en posibles divergencias.

Pero lo que acabo de apuntar se puede considerar como palabras mal intencionadas, como palabras resentidas, que se quedan en la superficie y que se acoplan con las palabras proferidas por los “enemigos de clase”, por los que se unen al “concierto de la derecha”. No obstante el problema de todos modos sigue de pie. Aquí se ha mencionado solamente el protocolo de las elecciones en el seno del FMLN. Es lo que nos ha descrito Norma Guevara de Ramirios. Se trata pues solamente del aspecto formal de las elecciones y de la preparación de la Convención Nacional.

Al parecer la Convención Nacional tiene como principal objetivo la elección del Consejo Nacional. Tampoco se nos dice como y quien propone a los candidatos, aunque algunos ya van de oficio. Pero lo que queda claro es que esa Convención Nacional que elige la dirección, al Coordinador General, a la Comisión Política no es un Congreso. La dirección se elige sin que se le dé un mandato político preciso y definido, sin que los militantes hayan discutido, sin que hayan participado en la determinación de la estrategia del partido “revolucionario”. ¿Se trata realmente de un partido revolucionario? Mucho podrán decir que el partido es “marxista-leninista”, aunque últimamente no lo repiten tanto los actuales dirigentes. En todo caso el principal instrumento del centralismo democrático leninista no existe. Tenemos un partido que no tiene voz. Si, no tiene voz, ni pensamiento.

Los partidos revolucionarios tienen proyectos elaborados en común, tienen reuniones preparatorias en las que se analiza, critica y se evalúa la actividad política precedente y se procede a las enmiendas necesarias. Los partidos revolucionarios proceden al análisis de la situación política, económica y social del país en que les toca actuar, esto se hace en común por los militantes y las direcciones salientes. Es durante este proceso de preparación cuando los militantes siembran los pilares del proyecto estratégico del partido. El Congreso, según la teoría leninista, es el centro del partido. Es el partido en Congreso el que determina la política partidaria y a la que tiene que plegarse la dirección. Es a partir de lo determinado por el Congreso que la dirección va a ser juzgada. ¿Pero si no hay Congreso? Si no hay un proceso de elaboración por los militantes de la estrategia y principios del partido, pues es un partido sin pensamiento y sin voz.

Un partido que funciona de esta manera, no puede tener realmente militantes concientes, que sean ellos mismos capaces de concientizar al pueblo. Estos militantes pueden solamente definirse como personas “fieles al partido”, que en realidad es “fieles a la dirección”. Esta situación no es nueva. Es por ello que el FMLN navega sin timonel, sin saber a que santo acudir.

Por eso no se puede uno sorprender que este partido “revolucionario” le confiara el principal puesto del Estado a un extraño, a alguien que no se había definido realmente, que le impuso condiciones, él, una sola persona, un particular a todo un partido. Todo esto a escondidas, en secreto, en las oscuranas de la ignorancia, pues los militantes no podían opinar realmente, no podían analizar, nunca tuvieron en mano todas las cartas, ni siquiera vieron el color de la baraja. La dirección optó por Funes y los militantes aprobaron fielmente, con disciplina “revolucionaria”.

Es por eso mismo que sin ni siquiera consultar con la Comisión Política, el Coordinador General adhiere a una “Internacional por el Socialismo del Siglo XXI”. Esta adhesión irreflexiva y precipitada ha resultado un cohete mojado, pues la famosa Internacional se quedó en pañales y el único partido político que dio su acuerdo inmediato fue el FMLN. Pero esto era simplemente una maniobra para calmar a los militantes que comenzaban a inquietarse por la deriva derechista del gobierno y la actitud pasiva y complaciente de la dirección del Frente. Podrán alegarme que existía el proyecto de formación y programático y comisiones internacionales que debían definir y organizar la Internacional. El FMLN se comprometió a participar, pero también en esto se nota el carácter escasamente democrático de este partido, pues las delegaciones nombradas por la dirección iban sin que el partido, en algún Congreso, determinara, definiera su concepción socialista, ni la estrategia que puede conducir a nuestro país hacia esa nueva sociedad. El FMLN no tiene al respecto ninguna estrategia y ninguna visión clara de la futura sociedad. No la tiene, ni pretende discutirla dentro del partido, mucho menos en la sociedad salvadoreña. Pues esto la conduciría a entablar un abierto combate ideológico ante los partidos de derecha y con el presidente mismo. Es esta lucha ideológica que el FMLN no se ha atrevido a llevar a cabo durante tantos años. En estos años de post-guerra el FMLN se ha ido adaptando al sistema, al sistema político y al sistema económico.

La dirección se acomoda perfectamente a esta situación indefinida. Con toda comodidad puede cambiar de posición y caracterizar la situación en que nos encontramos. Incluso no responden con energía a la derecha que ha atacado a la diputada Sosa, cuando define al gobierno actual de “transición”. Los jefes callan. Pero esa es la explicación que le dan a los militantes. Pero defender esta caracterización del gobierno Funes/FMLN implica definir el “hacia qué” es transitorio este gobierno. Es esto que elude sistemáticamente la cúpula efemelenista. Prefieren también en este caso persistir siendo un partido sin voz y sin pensamiento.

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