Cambio Climático: La respuesta que necesitamos ahora. I Parte

Foro de Pensamiento Crítico y Propositivo ante el Cambio Climático – El Salvador –
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¿Cuál es la estrategia y posiciones de negociación asumidas por nuestros negociadores en la ruta hacia Cancún?

Para negociar en representación de un Estado la agenda internacional de cambio climático, deben conocerse a fondo los temas en discusión y las implicaciones de asumir determinadas opciones. Lo anterior, a fin de sustentar adecuadamente las posiciones nacionales de negociación, en el marco de una estrategia clara de negociación.

Las implicaciones de las posiciones políticas de negociación deben evaluarse a la luz de su grado de contribución al logro del objetivo común trazado bajo el Mandato de Bali: Frenar el ritmo y magnitud del cambio climático de manera real, mensurable y verificable, bajo los principios de la Convención Marco sobre Cambio Climático. ¡Todo lo demás es irrelevante!

Ese planteamiento pareciera simple y de fácil adopción, sin embargo, asumir una posición de negociación coherente con dicho planteamiento, es más complicado de lo que pareciera. No obstante, es muy fácil adoptarlo de manera demagógica, utilizándolo como escudo político protector para ocultar las incongruencias en el planteamiento político en cuanto a la agenda integral de negociación.

Nuestros negociadores tienen ante si una responsabilidad histórica muy grande y sobre la cual deberán rendir cuentas públicas a partir de ahora. Pero las sociedades en su conjunto también deben asumir su gran parte de responsabilidad, en cuanto a vigilar que las posiciones de negociación no sean definidas de manera discrecional, ya sea por ignorancia, ingenuidad política, temor, pragmatismo político mal entendido o la combinación de algunos o todos esos atributos.

La agenda de negociaciones sobre cambio climático es un paquete intrincado, articulado e indisociable de temas que no deben negociarse independientes unos de otros, pues se rompería el balance requerido para el logro del objetivo de dichas negociaciones. Dicho balance va más allá de las compensaciones por daños que el cambio climático ocasiona o de eventuales beneficios nacionales o regionales (ej.: incentivos por sembrar o mantener bosque, fondo para atención de desastres). Lo que está en juego en las negociaciones sobre cambio climático es la viabilidad a corto plazo de las sociedades humanas y de las diferentes formas de vida en la Tierra.

En este momento, nuestros ministros y delegados deben tomar conciencia de que su papel como negociadores es crucial durante el período de dos meses previo a Cancún, durante el cual deben evitar prestarse a cualquier intento por avanzar acuerdos prematuros, fuera del proceso multilateral de negociaciones, al estilo del fracasado intento en Copenhague. Ya han sido programadas al menos dos reuniones informales de alto nivel a partir de septiembre, cuyo propósito declarado es facilitar los acercamientos entre los negociadores, pero cuyo propósito real podría ser lograr acuerdos en algunos temas de interés particular para los países desarrollados y sus aliados, a fin de reducir desde ya el nivel de aspiración de los negociadores hacia Cancún.

Un pacto prematuro limitado al establecimiento de un mecanismo para REDD (reducción de emisiones por deforestación y degradación de bosques) y de un fondo para la adaptación al cambio climático; contribuiría al aumento del ritmo y magnitud del cambio climático mundial, y por lo tanto, no tendría en sí mismo viabilidad alguna, y constituiría la condena de muerte de millones de seres humanos en las distintas regiones. Dicho pacto no debe ser apoyado por nuestros negociadores.

Ese es el escenario político en el cual se estarán moviendo nuestros ministros y delegados en los 2 meses venideros: un proceso montado desde los países desarrollados con el apoyo de agencias y actores políticos, incluyendo algunos países en desarrollo y el mismo sistema de las Naciones Unidas. Las reuniones informales de alto nivel, ya sean ministeriales o de jefes de estado y de gobierno, tienen la triste tradición de ser consideradas de fácil inducción o manipulación hacia los fines de sus patrocinadores, que por regla general son los actores interesados en que los gobiernos de los países desarrollados no asuman los compromisos que se requieren, en magnitud y naturaleza, para el logro del acuerdo planteado en el Mandato de Bali y el inicio del 2º período de compromisos bajo el Protocolo de Kioto.

Por lo tanto, el escenario ya está montado, y los actores ya han sido invitados a subirlo. Nuestros ministros participarán en dichas reuniones de alto nivel en Ginebra y Nueva York, y se esperaría que cuenten con el asesoramiento técnico y político apropiado; que dispongan de una estrategia de negociación sustentada en un análisis a profundidad de los temas de la agenda y en el discernimiento responsable sobre las implicaciones de asumir las posiciones que estarán defendiendo.

En la Segunda Parte de este Comunicado se expondrán en detalle los elementos más relevantes que deberían considerarse en una estrategia de negociación, y en la Tercera Parte, plantearemos las implicaciones de asumir determinadas opciones de negociación, a fin de aportar con nuestras reflexiones elementos críticos que fortalezcan a nuestros negociadores y a los funcionarios de alto nivel que los orientan, con miras a contribuir al avance sustantivo de las negociaciones para el logro del objetivo del Mandato de Bali.

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